Religión

¿Podrían las Iglesias católica y ortodoxa reconciliarse pronto?

El debate ecuménico que tendría que darse para lograr la comunión total

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12.07.2013
polonia kirill © Janek SKARZYNSKI / AFP
En Washington, D.C.  unas 60 personas, católicas y ortodoxas, sacerdotes, obispos y laicos tuvieron una reunión tan cercana que un par de conferenciantes destacaron cuán lejos habían llegado las relaciones ecuménicas.
 
Durante los años ’50, según el padre paúl Ronald G. Roberson, cuando los católicos y los ortodoxos se reunieron en la Universidad de Fordham para discutir cuáles serían las bases del diálogo que tendría lugar la década siguiente, el cardenal de Nueva York, Francis Spellman, insistió en que el procedimiento debía llevarse en secreto.
 
“Era muy delicada la situación”, comentó el padre Roberson, director asociado del Secretariado de los Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos de la Conferencia Episcopal de los Obispos de Estados Unidos.
 
Pero la conferencia “Orientale Lumen” que él moderó del 17 al 20 de junio vio a los miembros de las dos iglesias unirse para rezar, para comer, y para debatir con franqueza los temas que se interponen en el camino para la comunión plena.
 
Estas reuniones anuales no son oficiales, pero constituyen una base para el diálogo que han atraído a personas muy importantes en las relaciones ecuménicas. Aunque normalmente se celebran en Washington, también se han celebrado en otras partes del país y tres veces en Estambul, la antigua Constantinopla.
 
Comenzando en 1997 a partir de la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II Orientale Lumen (Luz del Este), las conferencias han alternado entre los temas ecuménicos y de educación sobre las Iglesias Orientales, dijo Jack Figel, un católico bizantino que organiza las reuniones.
 
“La conferencia se divide en tres partes”, dijo Figel, que dirige Eastern Christian Publicationes, editor de la revista Theosis: “rezamos juntos, para nuestras almas; conferencias, para nuestras mentes y la comunión –cada reunión comienza con vino y queso- que es una oportunidad para encontrarnos, llegar a conocernos y aprender los unos de los otros”.
 
El tema de este año fue una ponencia del 2010 realizada por la Consulta teológica ortodoxo-católica de Norteamérica, “Pasos hacia la Iglesia reunida: un esquema de la visión ortodoxa-católica para el futuro”. Varios miembros de la Consulta de Norteamérica habló en la Conferencia Orientale Lumen: El padre Thomas FitzGerald, decano y profesor de historia de la Iglesia y la teología histórica en el Hellenic College-Santa Cruz de la escuela greco-ortodoxa de Teología en Brookline, Massachusstes; el Padre James Dutko, un pastor ortodoxo de Binghamton, Nnueva York; la hermana de la caridad Susan Wood, profesora de teología de la Marquette University y el presidente electo de la Sociedad de Teología Católica de América, y el padre Sidney Griffith, profesor en el Departamento de Lenguas y Literaturas Semíticas y Egipcias del Instituto de Investigación cristiana oriental de la Universidad Católica de América. También habló el Metropolita Tikhon, primado de la Iglesia Ortodoxa de América, y el archimandrita Robert Taft, S.J. un experto en historia de la liturgia bizantina que enseñó muchos años en el Instituto Pontificio Oriental en Roma.
 
También asistieron el metropolita Jonah, el primado emérito de la Iglesia Ortodoxa de América, y el obispo John Michael Botean de la Eparquía Católica Rumana de San Jorge en Canton, Ohio.
 
Otro miembro de la Consulta para América del Norte, Monseñor Paul McPartlan, profesor de teología de la Universidad Católica de América, también iba a participar pero se fue a Inglaterra con su padre que estaba gravemente enfermo. Mons. McPartlan, que también es miembro de la Comisión Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católico-romana y la Iglesia ortodoxa, está a punto de publicar: “Un servicio de amor: la Primacía del Papa, la Eucaristía y la Unidad de la Iglesia”, una propuesta sobre cómo el papado podría reformarse para ser más aceptable para los ortodoxos y así allanar el camino para la comunión plena entre las Iglesias.
 
La conferencia tuvo lugar en la Casa de Retiro de Washington, dirigida por las hermanas de la Expiación, cuya capilla fue modificada temporalmente durante tres días con una pantalla con la imagen de un icono. La liturgia cantada de la mañana se celebró en el rito armenio o bizantino, incluyendo un Moleben al Espíritu Santo y Akathists a Cristo y a la Madre de Dios.
 
El Papado
 
La jurisdicción universal del papado, que es quizás el impedimento mayor para la total comunión entre las Iglesias católica y ortodoxa, ha sido siempre tema de gran debate.
 
La declaración de la consulta admitió que el papel del obispo de Roma “debía ser definido cuidadosamente, en continuidad con los antiguos principios estructurales de la cristiandad así como en respuesta a la necesidad de un mensaje cristiano unificado en el mundo de hoy”.
 
Entre las características de un primacía romana renovada, la declaración sugiere poner al obispo de Roma como el “primero” entre los obispos del mundo y los patriarcas regionales. Tendría autoridad solo en el contexto del colegio sinodal. Su ministerio mundial se tendría la vocación de promover la comunión de todas las iglesias locales haciendo un llamamiento a que permanecieran ancladas a la unidad de la fe apostólica.
 
El padre Taft expresó la esperanza de que la Iglesia católica podría implementar una eclesiología colegial de “iglesias hermanas” que él dijo “haberse afirmado en el Concilio Vaticano II y posteriormente pero que había sido implementada de forma insuficiente desde entonces”. El cristianismo primitivo se desarrolló “como una federación de iglesias locales occidentales y orientales, cada uno con su propia política de gobierno independiente, en comunión la una con la otra”, dijo. “El Papado actuaría como algo parecido al Tribunal Superior de EEUU, solucionando los problemas puestos en su conocimiento, y recordando las leyes canónicas y doctrinales a los individuos y grupos problemáticos”. Después, sin embargo, tomó el carácter más de presidente de EEUU, dijo.
 
Sugirió que la Iglesia debía “moderar su gobierno excesivamente centralizado” para allanar el camino a la total comunión con los ortodoxos.
 
En su ponencia, el padre FitzGerald dijo que lo ortodoxos tienen una concepción de la Iglesia como una unión de iglesias regionales, autocéfalas que comparten una misma fe y que se expresa en la Eucaristía, mientras que los católicos ven a la Iglesia como un cuerpo unificado con una misma fe centrada en la comunión con el Obispo de Roma.
 
“Los ortodoxos consideran policéntrica a la Iglesia”, dijo. “Hoy hay 14 iglesias ortodoxas autocéfalas, cada una con su primado y su propio sínodo. Una única Iglesia para los ortodoxos es una Iglesia de iglesias. Los católicos consideran monocéntrica a la Iglesia… Los ortodoxos tienden a enfatizar la conciliaridad de la la vida eclesial sin negar el papel de los obispos primados. Los católicos tienden a enfatizar al obispo de Roma sin negar el papel de la conciliaridad. El desafío teológico para nosotros a día de hoy es integrar la realidad de la primacía con la realidad de la conciliaridad en todos los aspectos de la vida de la Iglesia. Y esto va desde las parroquias locales a las diócesis, a las provincias, a las regiones y a las iglesias autocéfalas… la reunión de los obispos en concilio y el ejercicio de liderazgo por parte de los obispos primados designados ha estado presente de una forma complementaria en la Iglesia desde el tiempo de los Apóstoles”.
 
Las preocupaciones parroquiales
 
Gran parte del debate que duró mas de tres días, sin embargo, tiene que ver con temas que afectan directamente a las personas a nivel parroquial.
 
“Si nuestro trabajo no tiene un impacto en la vida parroquial local estamos perdiéndonos algo muy importante”, dijo el padre FitzGerald. “La división cristiana provoca mucho sufrimiento a nivel parroquial. Tenemos un gran número de matrimonios mixtos –parejas que intentan mantener su fe unidos pero que llevan vidas separadas como católicos y ortodoxos. Esto significa un gran reto para la Iglesia. Nos obliga a pensar más claramente en las consecuencias de nuestra división. Esperamos que la familia sea una, pero técnicamente el cónyuge y los hijos no pueden recibir la Comunión en la misma Iglesia.
 
El padre FitzGerald explicó que muchos ortodoxos dirían que la recepción de la comunión es una expresión de unidad, y recibir la comunión en otra Iglesia supondría una violación porque estás haciendo algo antes de que se dé la comunión total”.
 
Algunos ponentes, sin embargo, hablaron de las circunstancias extremas donde el sacramento se comparte. “Cuando voy a un hospital católico y hay un católico que se muere, le doy la extrema unción porque no hay otro sacerdote cerca,”, dijo el padre Dutko. “Yo cuidaré de ti. Cuando estaba en servicio, a veces pensaba, si necesito confesarme y solo tengo a mano un sacerdote católico, iría a hablar con él. En Rusia, durante el periodo soviético, se hacían este tipo de excepciones”.
 
El padre Dutko invitó a una pareja para compartir su historia. Solon y Marianna Patterson era la segunda pareja ortodoxo-católica de Atlanta cuando se casaron en 1960. Marianna firmó los papeles manifestando su conformidad para que la educación de los hijos fuese católica. Desde entonces ellos no han podido recibir la comunión juntos en sus respectivas iglesias y esta experiencia los ha impulsado a trabajar en un movimiento ecuménico. Ellos apoyan económicamente el proyecto Orientale Lumen, así como el Centro de Estudios Cristiano-ortodoxos de la Universidad de Fordham.
 
“Creo que necesitamos una reflexión más teológica sobre el matrimonio”, dijo la hermana Susan Wood. “Ambas tradiciones consideran el matrimonio un sacramento. Consideramos que es un signo, una realidad eclesial. Quisiera plantear que en un matrimonio en el que dos tradiciones se comparten se forjan las relaciones eclesiales en ese sacramento. No nos hemos dado cuenta de esta realidad. Un católico entra en relación con la ortodoxia a través del matrimonio y, por el otro lado, un ortodoxo entra en un tipo de relación con la Iglesia católica. Nosotros llamamos al matrimonio iglesia doméstica. Necesitamos reflexionar más sobre esta realidad específica y ver que podemos hacer con relaciones humanas más amplias. Creo que no permitimos a estas personas expresar lo que hacen en su relación con una Iglesia institucional más amplia de una manera que pueda ser garantizada por el sacramento que comparte.
 
Santidad y Unidad
 
La ponencia de la hermana Susan se centró en lo que ella llama “las estructuras subsidiarias en las dos Iglesias” que podrían sentar las bases para una unión eventual.
 
A pesar de que el compartir los sacramentos en general no es posible por ahora, debería haber otras maneras de dar a conocer la comunión que, aunque imperfecta, existe por ahora, sugirió. “El (Patriarca ecuménico) Bartolomé participó de una forma limitada en la Misa celebrada junto a Benedicto XVI”, dijo, “Ambos realizaron la homilía, unidos recitaron el Credo, sin el filioque, y ambos dieron la bendición. Este podría ser un modelo de una liturgia limitada compartida en otros lugares”. De igual forma Bartolomé tomó parte en la Misa de inauguración del Papa Francisco”
 
Los obispos podrían imitar estos ejemplos, dijo. Podrían invitar a sus compañeros ecuménicos a participar en los sínodos diocesanos que pudieran organizar. Y las organizaciones de la Iglesia podrían coordinar sus actividades misioneras y trabajar juntas para poder hacer frente a las necesidades sociales.
 
El Padre Dutko afirmó que las festividades de los Santos Pedro y Pablo y San Andrés, los santos patrones de Roma y Constantinopla “son momentos oportunos para reunirnos”. “Jornadas de puertas abiertas, visitas a nuestros lugares de culto y recepciones para invitados podría constituir una buena manera de romper el hielo”, dijo. “Los servicios de oración, los foros educativos, espiritualidad”, son formas de crear lazos.
 
Estos días festivos de los últimos años han sido una ocasión para intercambiar visitas entre Roma y Constantinopla, incluyendo, en ocasiones, las visitas de los últimos Papas a Estambul. Ahora se están daño un tipo de visitas amistosas similares aunque a un nivel más local. En Boston, el Metropolita griego ortodoxo Metodio se reunión con el cardenal Sean O’Malley para rezar las Vísperas, antes de la festividad de los Santos Pedro y Pablo, en la iglesia católica de San José en Needham.
 
Aunque muchos de los ponentes se centraron en lo que católicos y ortodoxos pueden hacer juntos para promover la unidad, el metropolita Tikhon ofreció un enfoque más personal: la construcción individual de la unidad de la Iglesia mediante una unión más grande con Cristo y trayendo la gracia de Dios a un mundo quebrantado. “Aunque el ecumenismo es de progreso lento y complicado, los católicos y los ortodoxos estamos trabajando unidos para hacer frente a las necesidades del mundo”, dijo.
 
“¿Y cuáles son las necesidades del mundo” Encontrar la curación y la unidad en Cristo”, dijo Tikhon, un antiguo episcopaliano que pasó 18 años de su vida en el Monasterio de San Tikhon en Waymart, Pensilvania. “En este sentido esto es nuestra vocación más profunda como cristianos, no solo para lograr la unidad de la Iglesia hacia fuera… sino para encontrarla en nuestros propios corazones, para curar la rotura que está ahí y para encontrar nuestra comunión con el Dios vivo”.
 
Aunque el debate teológico y la investigación histórica es importante, dijo Tikhon, “es también primordial no olvidar que la tarea sagrada para cada uno de nosotros es encontrar la unidad con Cristo, pasando de nuestro estado de quebrantamiento, desesperación, miedo, de ser presa de las distintas pasiones que nos dividen internamente y rompen nuestras comunidades y nos separan de Dios y de los demás. Ese trabajo es la base de nuestra búsqueda de unidad. Debemos participar activamente en el camino del auto-examen y purificación del corazón, del crecimiento en las virtudes y en nuestros esfuerzos de seguir los mandamientos de Cristo que nos conducen a un camino seguro hacia la gloria del Reino”.
 
 
En Washington, D.C.  unas 60 personas, católicas y ortodoxas, sacerdotes, obispos y laicos tuvieron una reunión tan cercana que un par de conferenciantes destacaron cuán lejos habían llegado las relaciones ecuménicas.
 
Durante los años ’50, según el padre paúl Ronald G. Roberson, cuando los católicos y los ortodoxos se reunieron en la Universidad de Fordham para discutir cuáles serían las bases del diálogo que tendría lugar la década siguiente, el cardenal de Nueva York, Francis Spellman, insistió en que el procedimiento debía llevarse en secreto.
 
“Era muy delicada la situación”, comentó el padre Roberson, director asociado del Secretariado de los Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos de la Conferencia Episcopal de los Obispos de Estados Unidos.
 
Pero la conferencia “Orientale Lumen” que él moderó del 17 al 20 de junio vio a los miembros de las dos iglesias unirse para rezar, para comer, y para debatir con franqueza los temas que se interponen en el camino para la comunión plena.
 
Estas reuniones anuales no son oficiales, pero constituyen una base para el diálogo que han atraído a personas muy importantes en las relaciones ecuménicas. Aunque normalmente se celebran en Washington, también se han celebrado en otras partes del país y tres veces en Estambul, la antigua Constantinopla.
 
Comenzando en 1997 a partir de la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II Orientale Lumen (Luz del Este), las conferencias han alternado entre los temas ecuménicos y de educación sobre las Iglesias Orientales, dijo Jack Figel, un católico bizantino que organiza las reuniones.
 
“La conferencia se divide en tres partes”, dijo Figel, que dirige Eastern Christian Publicationes, editor de la revista Theosis: “rezamos juntos, para nuestras almas; conferencias, para nuestras mentes y la comunión –cada reunión comienza con vino y queso- que es una oportunidad para encontrarnos, llegar a conocernos y aprender los unos de los otros”.
 
El tema de este año fue una ponencia del 2010 realizada por la Consulta teológica ortodoxo-católica de Norteamérica, “Pasos hacia la Iglesia reunida: un esquema de la visión ortodoxa-católica para el futuro”. Varios miembros de la Consulta de Norteamérica habló en la Conferencia Orientale Lumen: El padre Thomas FitzGerald, decano y profesor de historia de la Iglesia y la teología histórica en el Hellenic College-Santa Cruz de la escuela greco-ortodoxa de Teología en Brookline, Massachusstes; el Padre James Dutko, un pastor ortodoxo de Binghamton, Nnueva York; la hermana de la caridad Susan Wood, profesora de teología de la Marquette University y el presidente electo de la Sociedad de Teología Católica de América, y el padre Sidney Griffith, profesor en el Departamento de Lenguas y Literaturas Semíticas y Egipcias del Instituto de Investigación cristiana oriental de la Universidad Católica de América. También habló el Metropolita Tikhon, primado de la Iglesia Ortodoxa de América, y el archimandrita Robert Taft, S.J. un experto en historia de la liturgia bizantina que enseñó muchos años en el Instituto Pontificio Oriental en Roma.
 
También asistieron el metropolita Jonah, el primado emérito de la Iglesia Ortodoxa de América, y el obispo John Michael Botean de la Eparquía Católica Rumana de San Jorge en Canton, Ohio.
 
Otro miembro de la Consulta para América del Norte, Monseñor Paul McPartlan, profesor de teología de la Universidad Católica de América, también iba a participar pero se fue a Inglaterra con su padre que estaba gravemente enfermo. Mons. McPartlan, que también es miembro de la Comisión Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católico-romana y la Iglesia ortodoxa, está a punto de publicar: “Un servicio de amor: la Primacía del Papa, la Eucaristía y la Unidad de la Iglesia”, una propuesta sobre cómo el papado podría reformarse para ser más aceptable para los ortodoxos y así allanar el camino para la comunión plena entre las Iglesias.
 
La conferencia tuvo lugar en la Casa de Retiro de Washington, dirigida por las hermanas de la Expiación, cuya capilla fue modificada temporalmente durante tres días con una pantalla con la imagen de un icono. La liturgia cantada de la mañana se celebró en el rito armenio o bizantino, incluyendo un Moleben al Espíritu Santo y Akathists a Cristo y a la Madre de Dios.
 
El Papado
 
La jurisdicción universal del papado, que es quizás el impedimento mayor para la total comunión entre las Iglesias católica y ortodoxa, ha sido siempre tema de gran debate.
 
La declaración de la consulta admitió que el papel del obispo de Roma “debía ser definido cuidadosamente, en continuidad con los antiguos principios estructurales de la cristiandad así como en respuesta a la necesidad de un mensaje cristiano unificado en el mundo de hoy”.
 
Entre las características de un primacía romana renovada, la declaración sugiere poner al obispo de Roma como el “primero” entre los obispos del mundo y los patriarcas regionales. Tendría autoridad solo en el contexto del colegio sinodal. Su ministerio mundial se tendría la vocación de promover la comunión de todas las iglesias locales haciendo un llamamiento a que permanecieran ancladas a la unidad de la fe apostólica.
 
El padre Taft expresó la esperanza de que la Iglesia católica podría implementar una eclesiología colegial de “iglesias hermanas” que él dijo “haberse afirmado en el Concilio Vaticano II y posteriormente pero que había sido implementada de forma insuficiente desde entonces”. El cristianismo primitivo se desarrolló “como una federación de iglesias locales occidentales y orientales, cada uno con su propia política de gobierno independiente, en comunión la una con la otra”, dijo. “El Papado actuaría como algo parecido al Tribunal Superior de EEUU, solucionando los problemas puestos en su conocimiento, y recordando las leyes canónicas y doctrinales a los individuos y grupos problemáticos”. Después, sin embargo, tomó el carácter más de presidente de EEUU, dijo.
 
Sugirió que la Iglesia debía “moderar su gobierno excesivamente centralizado” para allanar el camino a la total comunión con los ortodoxos.
 
En su ponencia, el padre FitzGerald dijo que lo ortodoxos tienen una concepción de la Iglesia como una unión de iglesias regionales, autocéfalas que comparten una misma fe y que se expresa en la Eucaristía, mientras que los católicos ven a la Iglesia como un cuerpo unificado con una misma fe centrada en la comunión con el Obispo de Roma.
 
“Los ortodoxos consideran policéntrica a la Iglesia”, dijo. “Hoy hay 14 iglesias ortodoxas autocéfalas, cada una con su primado y su propio sínodo. Una única Iglesia para los ortodoxos es una Iglesia de iglesias. Los católicos consideran monocéntrica a la Iglesia… Los ortodoxos tienden a enfatizar la conciliaridad de la la vida eclesial sin negar el papel de los obispos primados. Los católicos tienden a enfatizar al obispo de Roma sin negar el papel de la conciliaridad. El desafío teológico para nosotros a día de hoy es integrar la realidad de la primacía con la realidad de la conciliaridad en todos los aspectos de la vida de la Iglesia. Y esto va desde las parroquias locales a las diócesis, a las provincias, a las regiones y a las iglesias autocéfalas… la reunión de los obispos en concilio y el ejercicio de liderazgo por parte de los obispos primados designados ha estado presente de una forma complementaria en la Iglesia desde el tiempo de los Apóstoles”.
 
Las preocupaciones parroquiales
 
Gran parte del debate que duró mas de tres días, sin embargo, tiene que ver con temas que afectan directamente a las personas a nivel parroquial.
 
“Si nuestro trabajo no tiene un impacto en la vida parroquial local estamos perdiéndonos algo muy importante”, dijo el padre FitzGerald. “La división cristiana provoca mucho sufrimiento a nivel parroquial. Tenemos un gran número de matrimonios mixtos –parejas que intentan mantener su fe unidos pero que llevan vidas separadas como católicos y ortodoxos. Esto significa un gran reto para la Iglesia. Nos obliga a pensar más claramente en las consecuencias de nuestra división. Esperamos que la familia sea una, pero técnicamente el cónyuge y los hijos no pueden recibir la Comunión en la misma Iglesia.
 
El padre FitzGerald explicó que muchos ortodoxos dirían que la recepción de la comunión es una expresión de unidad, y recibir la comunión en otra Iglesia supondría una violación porque estás haciendo algo antes de que se dé la comunión total”.
 
Algunos ponentes, sin embargo, hablaron de las circunstancias extremas donde el sacramento se comparte. “Cuando voy a un hospital católico y hay un católico que se muere, le doy la extrema unción porque no hay otro sacerdote cerca,”, dijo el padre Dutko. “Yo cuidaré de ti. Cuando estaba en servicio, a veces pensaba, si necesito confesarme y solo tengo a mano un sacerdote católico, iría a hablar con él. En Rusia, durante el periodo soviético, se hacían este tipo de excepciones”.
 
El padre Dutko invitó a una pareja para compartir su historia. Solon y Marianna Patterson era la segunda pareja ortodoxo-católica de Atlanta cuando se casaron en 1960. Marianna firmó los papeles manifestando su conformidad para que la educación de los hijos fuese católica. Desde entonces ellos no han podido recibir la comunión juntos en sus respectivas iglesias y esta experiencia los ha impulsado a trabajar en un movimiento ecuménico. Ellos apoyan económicamente el proyecto Orientale Lumen, así como el Centro de Estudios Cristiano-ortodoxos de la Universidad de Fordham.
 
“Creo que necesitamos una reflexión más teológica sobre el matrimonio”, dijo la hermana Susan Wood. “Ambas tradiciones consideran el matrimonio un sacramento. Consideramos que es un signo, una realidad eclesial. Quisiera plantear que en un matrimonio en el que dos tradiciones se comparten se forjan las relaciones eclesiales en ese sacramento. No nos hemos dado cuenta de esta realidad. Un católico entra en relación con la ortodoxia a través del matrimonio y, por el otro lado, un ortodoxo entra en un tipo de relación con la Iglesia católica. Nosotros llamamos al matrimonio iglesia doméstica. Necesitamos reflexionar más sobre esta realidad específica y ver que podemos hacer con relaciones humanas más amplias. Creo que no permitimos a estas personas expresar lo que hacen en su relación con una Iglesia institucional más amplia de una manera que pueda ser garantizada por el sacramento que comparte.
 
Santidad y Unidad
 
La ponencia de la hermana Susan se centró en lo que ella llama “las estructuras subsidiarias en las dos Iglesias” que podrían sentar las bases para una unión eventual.
 
A pesar de que el compartir los sacramentos en general no es posible por ahora, debería haber otras maneras de dar a conocer la comunión que, aunque imperfecta, existe por ahora, sugirió. “El (Patriarca ecuménico) Bartolomé participó de una forma limitada en la Misa celebrada junto a Benedicto XVI”, dijo, “Ambos realizaron la homilía, unidos recitaron el Credo, sin el filioque, y ambos dieron la bendición. Este podría ser un modelo de una liturgia limitada compartida en otros lugares”. De igual forma Bartolomé tomó parte en la Misa de inauguración del Papa Francisco”
 
Los obispos podrían imitar estos ejemplos, dijo. Podrían invitar a sus compañeros ecuménicos a participar en los sínodos diocesanos que pudieran organizar. Y las organizaciones de la Iglesia podrían coordinar sus actividades misioneras y trabajar juntas para poder hacer frente a las necesidades sociales.
 
El Padre Dutko afirmó que las festividades de los Santos Pedro y Pablo y San Andrés, los santos patrones de Roma y Constantinopla “son momentos oportunos para reunirnos”. “Jornadas de puertas abiertas, visitas a nuestros lugares de culto y recepciones para invitados podría constituir una buena manera de romper el hielo”, dijo. “Los servicios de oración, los foros educativos, espiritualidad”, son formas de crear lazos.
 
Estos días festivos de los últimos años han sido una ocasión para intercambiar visitas entre Roma y Constantinopla, incluyendo, en ocasiones, las visitas de los últimos Papas a Estambul. Ahora se están daño un tipo de visitas amistosas similares aunque a un nivel más local. En Boston, el Metropolita griego ortodoxo Metodio se reunión con el cardenal Sean O’Malley para rezar las Vísperas, antes de la festividad de los Santos Pedro y Pablo, en la iglesia católica de San José en Needham.
 
Aunque muchos de los ponentes se centraron en lo que católicos y ortodoxos pueden hacer juntos para promover la unidad, el metropolita Tikhon ofreció un enfoque más personal: la construcción individual de la unidad de la Iglesia mediante una unión más grande con Cristo y trayendo la gracia de Dios a un mundo quebrantado. “Aunque el ecumenismo es de progreso lento y complicado, los católicos y los ortodoxos estamos trabajando unidos para hacer frente a las necesidades del mundo”, dijo.
 
“¿Y cuáles son las necesidades del mundo” Encontrar la curación y la unidad en Cristo”, dijo Tikhon, un antiguo episcopaliano que pasó 18 años de su vida en el Monasterio de San Tikhon en Waymart, Pensilvania. “En este sentido esto es nuestra vocación más profunda como cristianos, no solo para lograr la unidad de la Iglesia hacia fuera… sino para encontrarla en nuestros propios corazones, para curar la rotura que está ahí y para encontrar nuestra comunión con el Dios vivo”.
 
Aunque el debate teológico y la investigación histórica es importante, dijo Tikhon, “es también primordial no olvidar que la tarea sagrada para cada uno de nosotros es encontrar la unidad con Cristo, pasando de nuestro estado de quebrantamiento, desesperación, miedo, de ser presa de las distintas pasiones que nos dividen internamente y rompen nuestras comunidades y nos separan de Dios y de los demás. Ese trabajo es la base de nuestra búsqueda de unidad. Debemos participar activamente en el camino del auto-examen y purificación del corazón, del crecimiento en las virtudes y en nuestros esfuerzos de seguir los mandamientos de Cristo que nos conducen a un camino seguro hacia la gloria del Reino”.
 
 
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