Religión 08.05.2013

Madre Laura, una santa en la periferia de la sociedad

Será canonizada el domingo 12 de mayo por el Papa Francisco

Monica Ibáñez Sarco
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Monica Ibáñez Sarco
08.05.2013
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La Madre Laura ha sido una adelantada de nuestro tiempo. Hoy el Papa Francisco insiste en ir a evangelizar a las periferias del mundo, que el Evangelio llegue a todo rincón, empezando por el propio corazón. La primera santa colombiana supo entregar su vida por esta causa.

Ella hace parte del primer grupo de beatos que canonizará el Papa Francisco este 12 de mayo en la plaza de San Pedro. La futura santa recordaba en todo momento a sus hijas, como cariñosamente las llamaba, la importancia anunciar la verdad impulsando las misiones: “Dios quiera que las misioneras se extiendan por doquier, como pabellón glorioso, y que veamos al Dios de nuestra alma conocido por todos y muy pronto”.

La madre Laura es la fundadora de la Congregación de las hermanas misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena. Junto con ella serán canonizados Antonio Primaldo y sus 800 compañeros, mártires masacrados en Otranto (1480) y María Guadalupe García Zavala (1878 – 1963), cofundadora de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita y de los Pobres.

Vida marcada por la alegría y el dolor

Nació en Jericó, Antioquia (Colombia) el 26 de mayo de 1874. Creció al calor de un hogar típicamente “paisa”, (así se le llama a los colombianos nacidos en Antioquia y el eje cafetero), de raíces profundamente cristianas. Sus padres fueron Juan de la Cruz Montoya, quien fue asesinado cuando ella tenía dos años, y Dolores Upegui, quien luego la acompañaría en su obra misionera.

Esta mujer de gran temple, de mucha reciedumbre y al mismo tiempo muy sencilla; vivió con la urgencia de hacer llegar la Buena Noticia a todos los hombres. Asumió con responsabilidad el mandato que el Señor Jesús les hizo a sus apóstoles: “Vayan pues y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” Mt 28, 19. Ella después de una larga búsqueda en los caminos de Dios, encontró que su lugar era estar con aquellos que eran considerados por la sociedad como “animales”, sin alma: los indios.

Mujer de oración y de acción

La obra de la Madre Laura no tenía presedentes en su país; nadie se había atrevido a entrar a esos lugares salvajes, pero ella rezaba: “Dios mío, cómo te mueven los gemidos del pobre que nosotros oímos con tanta indiferencia”, y con profunda confianza en Dios y decidida a sufrir persecución a causa del Evangelio emprendió su obra.

Era una mujer sencilla para las cosas espirituales; su trato con Dios se manifestaba en sus escritos, era capaz de percibir la mano de Dios en lo cotidiano de la vida y manifestarlo de  manera más tangible. La naturaleza fue un escenario constante de encuentro con Dios que la llevó a escribir uno de sus varios libros “Voces místicas de la naturaleza”. En medio de la creación Él se le manifestó de diversas maneras. Y en ella también hizo varios milagros.

Fue una mujer de profunda fe y convencida de que la Palabra de Dios transforma el corazón. “Todos dicen que creen en el Evangelio, pero cuán pocos creen en su verdad”, decía. Se arriesgó a andar por sendas nuevas porque estaba segura que Dios la sostenía y cumplía su Palabra, y así fue.

Hoy las Lauritas, como se les conoce, están en 21 países de América, África y Europa. A pesar de las duras críticas que enfrentaron incluso dentro de la misma Iglesia y pese también a las trabas geográficas que encontraban en los caminos hacia las misiones, la madre Laura no dudó en arrebatar el Reino de los Cielos para sus “indiecitos”, como los llamaba.

“Tengo un agradecimiento con Dios inmensamente grande. Poder decir que hemos vivido este proceso y estar en este sitio donde ella murió y donde está su cuerpo es una gracia de Dios que no tenemos con qué pagar”, dijo a Aleteia la hermana laurita Myriam Velásquez.

Sitio” (Tengo Sed) es el lema de esta congregación fundada por ella en 1914.  La Madre Laura trató de calmar la sed del Señor con la conversión de los indígenas, haciendo suya la misma experiencia de ser saciada con la salvación de las almas y con su cooperación y la de sus hermanas. Ellas llevan en el pecho esta inscripción, recordando en todo momento la urgencia de la misión con la que vivió su fundadora.

Esa conciencia la llevó a ofrecer su enfermedad, que la acompañó durante muchos años y por la cual tuvo que renunciar a seguir misionando, por sus indios.

Tuvo un corazón enardecido por el amor de Dios; no se dejó atemorizar por los obstáculos, sino que supo poner al servicio de la misión su fuerza y su intrepidez, y su alegría.

Probablemente, el quiebre que la lleva a estar hoy en los altares es el haber dejado de lado la bú santidad. Ella llamó a esta actitud con el dicho coloquial “tirar el bulto”. Se propuso no preocuparse más por hacerse santa, sino por darle gloria a Dios con su vida todos los días. Murió en Medellín el 21 de octubre de 1949.

Celebraciones en Colombia

Desde abril se vienen realizando en la tierra natal de la madre Laura jornadas de oración y de estudio. Las “lauritas” en conjunto con la Arquidiócesis han organizado en distintas zonas de Medellín varios encuentros que han titulado de “Fe y Oración”, donde se ha dado a conocer la vida y obra de quien será la primera santa colombiana. Estas actividades se prolongan a todo el mes de mayo.

Así mismo, se está adecuando el Santuario de la Madre Laura ubicado en el sector de Belencito,  al occidente de Medellín para acoger el mismo día de la canonización a miles de fieles que quieran participar en vivo y en directo de la ceremonia. Allí se encuentra su tumba y la cama donde falleció. El domingo 12 de mayo desde las 12m se estará en Vigilia siguiendo la transmisión desde Roma. Ese mismo día a las 7 de la mañana repicarán las campanas de todos los templos arquidiocesanos de Colombia como símbolo de alegría y gratitud, y al mediodía se celebrará la Eucaristía Solemne.

Finalmente, el 26 de mayo se llevará a cabo la Celebración Solemne en Acción de gracias que durará todo el día. Empezará a las 8:30 con una marcha que será presidida por las reliquias de la Santa, a las 10:00 habrá un Acto Protocolario y Cultual a cargo de la Administración de Medellín, empezando la Procesión a las 10:45 para concluir la Celebración Eucarística en la Catedral Metropolitana de Medellín, lugar donde la Madre Laura hizo sus votos solemnes cuando tenía 34 años de edad.
 
La Madre Laura ha sido una adelantada de nuestro tiempo. Hoy el Papa Francisco insiste en ir a evangelizar a las periferias del mundo, que el Evangelio llegue a todo rincón, empezando por el propio corazón. La primera santa colombiana supo entregar su vida por esta causa.

Ella hace parte del primer grupo de beatos que canonizará el Papa Francisco este 12 de mayo en la plaza de San Pedro. La futura santa recordaba en todo momento a sus hijas, como cariñosamente las llamaba, la importancia anunciar la verdad impulsando las misiones: “Dios quiera que las misioneras se extiendan por doquier, como pabellón glorioso, y que veamos al Dios de nuestra alma conocido por todos y muy pronto”.

La madre Laura es la fundadora de la Congregación de las hermanas misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina de Siena. Junto con ella serán canonizados Antonio Primaldo y sus 800 compañeros, mártires masacrados en Otranto (1480) y María Guadalupe García Zavala (1878 – 1963), cofundadora de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita y de los Pobres.

Vida marcada por la alegría y el dolor

Nació en Jericó, Antioquia (Colombia) el 26 de mayo de 1874. Creció al calor de un hogar típicamente “paisa”, (así se le llama a los colombianos nacidos en Antioquia y el eje cafetero), de raíces profundamente cristianas. Sus padres fueron Juan de la Cruz Montoya, quien fue asesinado cuando ella tenía dos años, y Dolores Upegui, quien luego la acompañaría en su obra misionera.

Esta mujer de gran temple, de mucha reciedumbre y al mismo tiempo muy sencilla; vivió con la urgencia de hacer llegar la Buena Noticia a todos los hombres. Asumió con responsabilidad el mandato que el Señor Jesús les hizo a sus apóstoles: “Vayan pues y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” Mt 28, 19. Ella después de una larga búsqueda en los caminos de Dios, encontró que su lugar era estar con aquellos que eran considerados por la sociedad como “animales”, sin alma: los indios.

Mujer de oración y de acción

La obra de la Madre Laura no tenía presedentes en su país; nadie se había atrevido a entrar a esos lugares salvajes, pero ella rezaba: “Dios mío, cómo te mueven los gemidos del pobre que nosotros oímos con tanta indiferencia”, y con profunda confianza en Dios y decidida a sufrir persecución a causa del Evangelio emprendió su obra.

Era una mujer sencilla para las cosas espirituales; su trato con Dios se manifestaba en sus escritos, era capaz de percibir la mano de Dios en lo cotidiano de la vida y manifestarlo de  manera más tangible. La naturaleza fue un escenario constante de encuentro con Dios que la llevó a escribir uno de sus varios libros “Voces místicas de la naturaleza”. En medio de la creación Él se le manifestó de diversas maneras. Y en ella también hizo varios milagros.

Fue una mujer de profunda fe y convencida de que la Palabra de Dios transforma el corazón. “Todos dicen que creen en el Evangelio, pero cuán pocos creen en su verdad”, decía. Se arriesgó a andar por sendas nuevas porque estaba segura que Dios la sostenía y cumplía su Palabra, y así fue.

Hoy las Lauritas, como se les conoce, están en 21 países de América, África y Europa. A pesar de las duras críticas que enfrentaron incluso dentro de la misma Iglesia y pese también a las trabas geográficas que encontraban en los caminos hacia las misiones, la madre Laura no dudó en arrebatar el Reino de los Cielos para sus “indiecitos”, como los llamaba.

“Tengo un agradecimiento con Dios inmensamente grande. Poder decir que hemos vivido este proceso y estar en este sitio donde ella murió y donde está su cuerpo es una gracia de Dios que no tenemos con qué pagar”, dijo a Aleteia la hermana laurita Myriam Velásquez.

Sitio” (Tengo Sed) es el lema de esta congregación fundada por ella en 1914.  La Madre Laura trató de calmar la sed del Señor con la conversión de los indígenas, haciendo suya la misma experiencia de ser saciada con la salvación de las almas y con su cooperación y la de sus hermanas. Ellas llevan en el pecho esta inscripción, recordando en todo momento la urgencia de la misión con la que vivió su fundadora.

Esa conciencia la llevó a ofrecer su enfermedad, que la acompañó durante muchos años y por la cual tuvo que renunciar a seguir misionando, por sus indios.

Tuvo un corazón enardecido por el amor de Dios; no se dejó atemorizar por los obstáculos, sino que supo poner al servicio de la misión su fuerza y su intrepidez, y su alegría.

Probablemente, el quiebre que la lleva a estar hoy en los altares es el haber dejado de lado la bú santidad. Ella llamó a esta actitud con el dicho coloquial “tirar el bulto”. Se propuso no preocuparse más por hacerse santa, sino por darle gloria a Dios con su vida todos los días. Murió en Medellín el 21 de octubre de 1949.

Celebraciones en Colombia

Desde abril se vienen realizando en la tierra natal de la madre Laura jornadas de oración y de estudio. Las “lauritas” en conjunto con la Arquidiócesis han organizado en distintas zonas de Medellín varios encuentros que han titulado de “Fe y Oración”, donde se ha dado a conocer la vida y obra de quien será la primera santa colombiana. Estas actividades se prolongan a todo el mes de mayo.

Así mismo, se está adecuando el Santuario de la Madre Laura ubicado en el sector de Belencito,  al occidente de Medellín para acoger el mismo día de la canonización a miles de fieles que quieran participar en vivo y en directo de la ceremonia. Allí se encuentra su tumba y la cama donde falleció. El domingo 12 de mayo desde las 12m se estará en Vigilia siguiendo la transmisión desde Roma. Ese mismo día a las 7 de la mañana repicarán las campanas de todos los templos arquidiocesanos de Colombia como símbolo de alegría y gratitud, y al mediodía se celebrará la Eucaristía Solemne.

Finalmente, el 26 de mayo se llevará a cabo la Celebración Solemne en Acción de gracias que durará todo el día. Empezará a las 8:30 con una marcha que será presidida por las reliquias de la Santa, a las 10:00 habrá un Acto Protocolario y Cultual a cargo de la Administración de Medellín, empezando la Procesión a las 10:45 para concluir la Celebración Eucarística en la Catedral Metropolitana de Medellín, lugar donde la Madre Laura hizo sus votos solemnes cuando tenía 34 años de edad.
 
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