¿Cómo debemos rezar con la Biblia?
La escucha de la Palabra de Dios que nos es ofrecida y mediada a través del Libro debe llevarnos a abrir el corazón a Aquél que, a través de la Palabra nos quiere hablar. Es posible que sea una escucha verdadera y fecunda si es un corazón que escucha, no sólo con la oreja; si es una búsqueda apasionada y no sólo curiosidad literaria, histórica.
Padre Bruno Secondin, Docente de Teología espiritual en la Pontifica Universidad Gregoriana
¿Cómo debemos acercarnos a la Biblia para rezar?
La escucha de la Palabra de Dios que nos es ofrecida y mediada a través del Libro y la lectura del Libro debe llevarnos no solamente a conocer algo de los hechos – incluso sugestivos -, de cantos, de plantas, de sueños, de historias; debe llevarnos a abrir el corazón a Aquél que, a través de la Biblia o la Palabra más amplia, nos quiere hablar. Es posible que sea una escucha verdadera e incluso orante y fecunda si es un corazón que escucha, no sólo con la oreja; si es una búsqueda apasionada y no sólo curiosidad literaria, histórica o incluso simplemente si tiene un uso catequético: no entraremos nunca en la profundidad del diálogo de Dios con nosotros.
¿Qué es la Lectio Divina?
Lectio Divina no quiere decir una lección sino una escucha, una lectura, un entrar a través de un texto, el texto, en la profundidad de Aquél que la habita, para dejarnos envolver, mentalizados (n.d.r. término no de uso común: quiere decir que la Palabra de Dios, a través de la escucha y la interiorización personal se vuelve parte de la mentalidad, del modo de ver las cosas), transformados y en diálogo: Dios habla, yo le respondo, mi vida se conforma, mi esperanza se refuerza, mi lenguaje se enriquece de la Sabiduría de Dios, y celebrar es precisamente esta riqueza que Dios nos pone en las manos para alabarlo, para predicarlo. Por lo tanto, existe una riqueza grande que, a través de la Lectio Divina, se vuelve patrimonio y experiencia cotidiana que enriquece la fe de cada creyente.
¿Fueron los monjes quienes regularon la Lectio Divina?
Los monjes siempre han tenido esta característica, darle a la Palabra, a la lectura incluso de la Biblia – que aprendían usualmente de memoria – una centralidad total, madurando en el tiempo las formas de ritmo, digamos las exigencias, es decir: leer, meditar, responder en la oración, gustar, contemplar, practicar, después celebrar, evangelizar. Son varios elementos que en el tiempo, progresivamente, se consolidaron como sabiduría madura. Será luego un monje cartujano, de 1180 aproximadamente, Guido II, de la Gran Cartuja, que, podemos decir, dará luz a toda esta riqueza de modos y de exigencias, poniendo, los así llamados, cuatro grados, cuatro pasajes – lectio, meditatio, oratio, contemplatio – como los típicos y hasta hoy esto ha permanecido como paradigma.
¿Qué aportó el Concilio Vaticano II?
La nueva experiencia de la Lectio Divina de estos años, de estos decenios, especialmente después del Concilio, como recurso que se expande a todos, introduce también otros elementos. Da importancia, por ejemplo, a la invocación inicial, da importancia a compartir el fruto de la Palabra, da importancia a discernir el impacto de la Palabra sobre la historia, da importancia a recordar y a conservar en el corazón lo que la Palabra te ha sugerido y luego, lógicamente, a las acciones, al testimonio, a la espera de la plenitud de esta Verdad que en la Palabra se te aparece siempre en el camino, como riqueza a desarrollar.
Team Aleteia
