Editorial 11.06.2013

JMJ: oportunidad para América Latina de combatir el narcosatanismo

Muchos jóvenes caen en las redes satánicas vinculadas a los cárteles de la droga

Jaime Septién
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Jaime Septién
11.06.2013
AFP PHOTO/Luis ROBAYO
En el documento de Aparecida, los obispos latinoamericanos señalaron que “el problema de las drogas es como una mancha de aceite que invade todo.  No reconoce fronteras ni geográficas ni humanas”.
 
“La Iglesia –declararon los obispos en el texto final de la V Asamblea General del Consejo Episcopal Latinoamericano, guiados entonces por el cardenal Jorge Mario Bergoglio—no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones”.
 
Justamente son estas nuevas generaciones las que pronto estarán reunidas con el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro.  Y ante ellas se presenta un duro panorama.  Con una nueva vertiente: el narcosatanismo.
 
Carne de cañón de las bandas del crimen
 
Desde 1988 en países como México, los grupos del crimen organizados, especialmente los que trasiegan con drogas, se han aliado en rituales satánicos al demonio para obtener un “pacto” y poder jugarse la vida a diario sin que los atrapen.
 
En respuesta a que los narcotraficantes recurren al satanismo, muchas corporaciones policiacas que están encargadas de combatirlos se inician, también, en rituales oscuros, con lo que la lucha contra el flagelo que denuncia Aparecida, se vuelve más compleja.
 
Esta modalidad de las bandas de narcotraficantes no ha tenido, en ningún país de América Latina, un cuerpo policiaco especializado que prevenga y persiga estos delitos asociados con Satanás.  Y millares de jóvenes, principal carne de cañón de las bandas de delincuentes, viven hoy en medio del reino del mal y de la droga.
 
En la red social de Facebook existen ya alrededor de 100 páginas dedicadas en exclusiva a la difusión del satanismo con un acumulado actual de 45 mil seguidores.
 
Se trata –como bien puntualizó Aparecida—de un problema mundial, pero que en América Latina y El Caribe se torna un problema incluso de soberanía.  En el Continente los países que sufren el narcosatanismo son México, Honduras, El Salvador, Guatemala, Venezuela y Colombia.
 
Nada más en México, principal punto de tránsito de droga hacia los Estados Unidos, donde los cárteles reclutan a miles de jóvenes, se practica un promedio de cinco exorcismos diarios.  Más aún si a ello se la anexa el culto a la “Santa Muerte”, que ha incrementado más de un millón de adeptos en México.
 
Lucha frontal de la Iglesia
 
Aparecida lo señalaba –y seguramente el Papa Francisco actuará de revulsivo para que esto se produzca de forma inmediata en el Continente que lo vio nacer—que en América Latina y El Caribe, “la Iglesia debe promover una lucha frontal contra el consumo y tráfico de drogas, insistiendo en el valor de la acción preventiva y reeducativa”.
 
Una de esas acciones que propone el texto de Aparecida es, justamente, “asegurar la participación de los jóvenes en peregrinaciones, en las jornadas nacionales y mundiales de la Juventud, con la debida preparación espiritual y misionera y con la compañía de sus pastores”.

En el documento de Aparecida, los obispos latinoamericanos señalaron que “el problema de las drogas es como una mancha de aceite que invade todo.  No reconoce fronteras ni geográficas ni humanas”.
 
“La Iglesia –declararon los obispos en el texto final de la V Asamblea General del Consejo Episcopal Latinoamericano, guiados entonces por el cardenal Jorge Mario Bergoglio—no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones”.
 
Justamente son estas nuevas generaciones las que pronto estarán reunidas con el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro.  Y ante ellas se presenta un duro panorama.  Con una nueva vertiente: el narcosatanismo.
 
Carne de cañón de las bandas del crimen
 
Desde 1988 en países como México, los grupos del crimen organizados, especialmente los que trasiegan con drogas, se han aliado en rituales satánicos al demonio para obtener un “pacto” y poder jugarse la vida a diario sin que los atrapen.
 
En respuesta a que los narcotraficantes recurren al satanismo, muchas corporaciones policiacas que están encargadas de combatirlos se inician, también, en rituales oscuros, con lo que la lucha contra el flagelo que denuncia Aparecida, se vuelve más compleja.
 
Esta modalidad de las bandas de narcotraficantes no ha tenido, en ningún país de América Latina, un cuerpo policiaco especializado que prevenga y persiga estos delitos asociados con Satanás.  Y millares de jóvenes, principal carne de cañón de las bandas de delincuentes, viven hoy en medio del reino del mal y de la droga.
 
En la red social de Facebook existen ya alrededor de 100 páginas dedicadas en exclusiva a la difusión del satanismo con un acumulado actual de 45 mil seguidores.
 
Se trata –como bien puntualizó Aparecida—de un problema mundial, pero que en América Latina y El Caribe se torna un problema incluso de soberanía.  En el Continente los países que sufren el narcosatanismo son México, Honduras, El Salvador, Guatemala, Venezuela y Colombia.
 
Nada más en México, principal punto de tránsito de droga hacia los Estados Unidos, donde los cárteles reclutan a miles de jóvenes, se practica un promedio de cinco exorcismos diarios.  Más aún si a ello se la anexa el culto a la “Santa Muerte”, que ha incrementado más de un millón de adeptos en México.
 
Lucha frontal de la Iglesia
 
Aparecida lo señalaba –y seguramente el Papa Francisco actuará de revulsivo para que esto se produzca de forma inmediata en el Continente que lo vio nacer—que en América Latina y El Caribe, “la Iglesia debe promover una lucha frontal contra el consumo y tráfico de drogas, insistiendo en el valor de la acción preventiva y reeducativa”.
 
Una de esas acciones que propone el texto de Aparecida es, justamente, “asegurar la participación de los jóvenes en peregrinaciones, en las jornadas nacionales y mundiales de la Juventud, con la debida preparación espiritual y misionera y con la compañía de sus pastores”.

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