Arte y Espectáculos 29.06.2012

¿Por qué el Papa es el obispo de Roma?

¿Es un título meramente honorífico o realmente gobierna la diócesis? ¿Alguien le ayuda en esta tarea?

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29.06.2012
© OR/CPP/CIRIC
1. Entre los títulos del Papa, el de “obispo de Roma” es el primero. Incluso cuando Roma estuvo en ruinas en tiempos de los bárbaros, incluso cuando el Papa residió lejos de Roma, incluso cuando estuvo en el exilio, nunca se ha planteado disociar la función de “papado de la función “episcopal”.

Fue en Galilea, y no en Jerusalén, donde Jesús, después de su resurrección, dio a sus apóstoles la misión de anunciar el Evangelio a todas las naciones. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestran que el Evangelio se propagó justo cuando Roma se convirtió en el centro de gravedad de la Iglesia. Por otro lado, ¿qué habría sido de la Iglesia en una Jerusalén devastada por los romanos en el año 70, tal y como Jesús había anunciado?

La historia del papado, después de más de mil años, ha conocido casos de mártires, como el de Pedro, pero también de exiliados: Cleto, Clemente, Cornelio y Lucio en la época de la persecución romana; Liberio en tiempos de Constantino; Silverio en tiempo de los bárbaros.

Durante los siglos, antes del cisma de 1054, Constantinopla fue una ciudad infinitamente más brillante que Roma. Constantinopla, a pesar de estar orgullosa de su grandeza, jamás reivindicó el primado.

Más tarde, en un periodo de setenta años, en una época en la que Francia ejerció una fuerte presión sobre el papado, los sucesores de Pedro residieron en Aviñón (1309-1377). Santa Catalina de Siena se dirigió duramente al Papa Gregorio XI para que volviera a Roma. Al final lo consiguió. Pero incluso en estos tiempos turbulentos, nunca se puso en cuestión si el obispo de Aviñón era el Papa. Igualmente, los “Papas de Aviñón” nunca tomaron el título de obispos de Aviñón.

Ya en la era moderna, Napoleón I deportó a Pío VI a Valence-sur-Rhône (Francia): el papa murió allí. Prosiguió con Pío VII, a quien deportó a Génova y después a Fontainebleau. Cuando Roma fue amenazada por los piamonteses, Pío IX se refugió en el sur de Italia, en Gaeta. Pero volvió a Roma lo antes posible, esta vez con la ayuda de los franceses.

Tras la anexión de Roma al reino de Italia, el Papa se consideró como “prisionero” en el Vaticano. Protestó pero permaneció allí. Como Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que temía ser secuestrado por los nazis.

Durante cada cónclave, en el que se elige a un nuevo Papa, los romanos se dirigen dos veces al día a la plaza de San Pedro para ver si hay “fumata blanca”. 

2. El Papa tiene autoridad sobre los obispos, pero es ante todo un obispo. Ahora bien, un obispo está siempre en relación con una diócesis, incluso si, en ciertos casos, se tratan de diócesis en las que ya no hay cristianos.

El concilio Vaticano I, con el reconocimiento de la infalibilidad (voir l’article), corre el riesgo de separar al Papa de los obispos. En realidad, no existe un cuarto grado en el sacramento del orden, aparte de los diáconos, de los sacerdotes y de los obispos. La relación de los obispos con el Papa se expresa mediante la fórmula cum Petro et sub Petro: “en comunión (cum) con Pedro y bajo (sub) la autoridad de Pedro. Si el Papa deja de ser obispo de Roma, este equilibrio se rompería.

Cada obispo está siempre en relación con una diócesis concreta. Si están al servicio de la Santa Sede o si se trata de obispos auxiliares, esta diócesis a menudo no tiene más que una existencia histórica, los cristianos en ella han desaparecido. Se trata de una ficción que tiene, por lo menos, la ventaja de mostrar que un obispo está siempre vinculado a un territorio y a un pueblo concreto.

Un Papa que ya no fuese obispo de Roma se parecería más a un Secretario general de la ONU.

3. La catedral del papa es la basílica de San Juan de Letrán. Para el gobierno de la diócesis, le ayuda un cardenal “vicario”.

Poco después de la vuelta de Aviñón, los Papas residieron en la basílica de San Juan de Letrán. Cuatro concilios ecuménicos llevan el nombre de Letrán. Cuando el palacio se desmoronó, el Papa Gregorio XI se refugió en el Vaticano, junto a la tumba de San Pedro. Pero la catedral de la diócesis de Roma siguió siendo San Juan de Letrán.

A pesar de que el Papa entonces nunca salía del Vaticano, Pío XII se dirigió a los lugares afectados por el bombardeo del 19 de julio de 1943. Como la reina de Inglaterra en Londres después del Blitz.

Al mismo tiempo que anunció un concilio ecuménico, el Papa Juan XXIII lanzó un sínodo para la Iglesia de Roma.

Juan Pablo II, en el transcurso de su largo pontificado, tuvo la ocasión de visitar, domingo tras domingo, todas las parroquias de Roma.

Unos días después de su elección, el Papa Benedicto XVI se dirigió a San Juan de Letrán para tomar posesión como obispo de Roma. En su homilía (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050507_san-giovanni-laterano_sp.html) declaró: “con todo mi corazón, quiero tratar de ser vuestro Obispo, el Obispo de Roma”. Una semana más tarde, reunió a los sacerdotes y a los diáconos y les insistió en la necesidad de formar, en Roma, una verdadera Iglesia local.

Para el gobierno cotidiano de la diócesis, el Papa es ayudado por un cardenal “vicario”. La residencia del cardenal y de los servicios diocesanos están situadas junto a la basílica de San Juan de Letrán. El Papa celebra allí la Misa del Jueves Santo, durante la cual los sacerdotes de la diócesis renuevan sus compromisos.

4. Los cardenales, aunque estén en todo el mundo, pertenecen a la diócesis de Roma y son titulares de una iglesia romana.

En el gobierno de la Iglesia universal, el Papa es asistido por consejeros. A lo largo de los siglos, éstos fueron solamente sacerdotes de la diócesis de Roma. A partir de la Edad Media, los cardenales formaron un grupo determinado, que fue llamado más tarde el “Sacro Colegio”. Arzobispos que gobernaban diócesis más o menos alejadas de Roma empezaron a formar parte de él, sin dejar su diócesis. Pero, para subrayar claramente que es la Iglesia de Roma la que tiene la misión, según la hermosa fórmula de Ignacio de Antioquía, de “presidir en la caridad” entre todas las Iglesias, los cardenales se convierten en titulares de una iglesia en la diócesis de Roma.

“Papa” y “obispo de Roma”: dos expresiones que convergen en una sola persona. Por ello el Papa Benedicto XVI, en la homilía anteriormente citada, decía: “En cuanto católicos, todos somos, de algún modo, también  romanos”.  
 
1. Entre los títulos del Papa, el de “obispo de Roma” es el primero. Incluso cuando Roma estuvo en ruinas en tiempos de los bárbaros, incluso cuando el Papa residió lejos de Roma, incluso cuando estuvo en el exilio, nunca se ha planteado disociar la función de “papado de la función “episcopal”.

Fue en Galilea, y no en Jerusalén, donde Jesús, después de su resurrección, dio a sus apóstoles la misión de anunciar el Evangelio a todas las naciones. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestran que el Evangelio se propagó justo cuando Roma se convirtió en el centro de gravedad de la Iglesia. Por otro lado, ¿qué habría sido de la Iglesia en una Jerusalén devastada por los romanos en el año 70, tal y como Jesús había anunciado?

La historia del papado, después de más de mil años, ha conocido casos de mártires, como el de Pedro, pero también de exiliados: Cleto, Clemente, Cornelio y Lucio en la época de la persecución romana; Liberio en tiempos de Constantino; Silverio en tiempo de los bárbaros.

Durante los siglos, antes del cisma de 1054, Constantinopla fue una ciudad infinitamente más brillante que Roma. Constantinopla, a pesar de estar orgullosa de su grandeza, jamás reivindicó el primado.

Más tarde, en un periodo de setenta años, en una época en la que Francia ejerció una fuerte presión sobre el papado, los sucesores de Pedro residieron en Aviñón (1309-1377). Santa Catalina de Siena se dirigió duramente al Papa Gregorio XI para que volviera a Roma. Al final lo consiguió. Pero incluso en estos tiempos turbulentos, nunca se puso en cuestión si el obispo de Aviñón era el Papa. Igualmente, los “Papas de Aviñón” nunca tomaron el título de obispos de Aviñón.

Ya en la era moderna, Napoleón I deportó a Pío VI a Valence-sur-Rhône (Francia): el papa murió allí. Prosiguió con Pío VII, a quien deportó a Génova y después a Fontainebleau. Cuando Roma fue amenazada por los piamonteses, Pío IX se refugió en el sur de Italia, en Gaeta. Pero volvió a Roma lo antes posible, esta vez con la ayuda de los franceses.

Tras la anexión de Roma al reino de Italia, el Papa se consideró como “prisionero” en el Vaticano. Protestó pero permaneció allí. Como Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que temía ser secuestrado por los nazis.

Durante cada cónclave, en el que se elige a un nuevo Papa, los romanos se dirigen dos veces al día a la plaza de San Pedro para ver si hay “fumata blanca”. 

2. El Papa tiene autoridad sobre los obispos, pero es ante todo un obispo. Ahora bien, un obispo está siempre en relación con una diócesis, incluso si, en ciertos casos, se tratan de diócesis en las que ya no hay cristianos.

El concilio Vaticano I, con el reconocimiento de la infalibilidad (voir l’article), corre el riesgo de separar al Papa de los obispos. En realidad, no existe un cuarto grado en el sacramento del orden, aparte de los diáconos, de los sacerdotes y de los obispos. La relación de los obispos con el Papa se expresa mediante la fórmula cum Petro et sub Petro: “en comunión (cum) con Pedro y bajo (sub) la autoridad de Pedro. Si el Papa deja de ser obispo de Roma, este equilibrio se rompería.

Cada obispo está siempre en relación con una diócesis concreta. Si están al servicio de la Santa Sede o si se trata de obispos auxiliares, esta diócesis a menudo no tiene más que una existencia histórica, los cristianos en ella han desaparecido. Se trata de una ficción que tiene, por lo menos, la ventaja de mostrar que un obispo está siempre vinculado a un territorio y a un pueblo concreto.

Un Papa que ya no fuese obispo de Roma se parecería más a un Secretario general de la ONU.

3. La catedral del papa es la basílica de San Juan de Letrán. Para el gobierno de la diócesis, le ayuda un cardenal “vicario”.

Poco después de la vuelta de Aviñón, los Papas residieron en la basílica de San Juan de Letrán. Cuatro concilios ecuménicos llevan el nombre de Letrán. Cuando el palacio se desmoronó, el Papa Gregorio XI se refugió en el Vaticano, junto a la tumba de San Pedro. Pero la catedral de la diócesis de Roma siguió siendo San Juan de Letrán.

A pesar de que el Papa entonces nunca salía del Vaticano, Pío XII se dirigió a los lugares afectados por el bombardeo del 19 de julio de 1943. Como la reina de Inglaterra en Londres después del Blitz.

Al mismo tiempo que anunció un concilio ecuménico, el Papa Juan XXIII lanzó un sínodo para la Iglesia de Roma.

Juan Pablo II, en el transcurso de su largo pontificado, tuvo la ocasión de visitar, domingo tras domingo, todas las parroquias de Roma.

Unos días después de su elección, el Papa Benedicto XVI se dirigió a San Juan de Letrán para tomar posesión como obispo de Roma. En su homilía (http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050507_san-giovanni-laterano_sp.html) declaró: “con todo mi corazón, quiero tratar de ser vuestro Obispo, el Obispo de Roma”. Una semana más tarde, reunió a los sacerdotes y a los diáconos y les insistió en la necesidad de formar, en Roma, una verdadera Iglesia local.

Para el gobierno cotidiano de la diócesis, el Papa es ayudado por un cardenal “vicario”. La residencia del cardenal y de los servicios diocesanos están situadas junto a la basílica de San Juan de Letrán. El Papa celebra allí la Misa del Jueves Santo, durante la cual los sacerdotes de la diócesis renuevan sus compromisos.

4. Los cardenales, aunque estén en todo el mundo, pertenecen a la diócesis de Roma y son titulares de una iglesia romana.

En el gobierno de la Iglesia universal, el Papa es asistido por consejeros. A lo largo de los siglos, éstos fueron solamente sacerdotes de la diócesis de Roma. A partir de la Edad Media, los cardenales formaron un grupo determinado, que fue llamado más tarde el “Sacro Colegio”. Arzobispos que gobernaban diócesis más o menos alejadas de Roma empezaron a formar parte de él, sin dejar su diócesis. Pero, para subrayar claramente que es la Iglesia de Roma la que tiene la misión, según la hermosa fórmula de Ignacio de Antioquía, de “presidir en la caridad” entre todas las Iglesias, los cardenales se convierten en titulares de una iglesia en la diócesis de Roma.

“Papa” y “obispo de Roma”: dos expresiones que convergen en una sola persona. Por ello el Papa Benedicto XVI, en la homilía anteriormente citada, decía: “En cuanto católicos, todos somos, de algún modo, también  romanos”.  
 
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